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Prof. Dr. Fernando Latapí (1902 – 1989) |
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3er Presidente del CILAD |
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Presuroso voy al aula, el saber ya me apura,
en clase magistral, con peculiar soltura,
de Lucio y Alvarado, habla con hermosura,
y de los micetomas, con sapiencia y holgura. |
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Así recuerda un discípulo al Maestro Fernando Latapí, creador de la Escuela Mexicana de Dermatoleprología y 3er. Presidente del CILAD (1).
Nacido en 1902 en la Ciudad de México, la familia de su padre es originaria del Sur de Francia y su madre oriunda de Tlacotalpan. Crece en una de las zonas residenciales del Distrito Federal donde recibe una esmerada educación cristiana. Recibido de médico en 1928, presenta la tesis “La atropina intravenosa y el ortostatismo en la determinación del tono neurovegetativo” y ejerce como médico general. En esa época, no refiere interés por la Dermatología, a pesar de la influencia de su tío Eugenio que es dermatólogo. Pero pronto esta especialidad queda vacante en una clínica y concurre para perfeccionarse al Servicio de Dermatología del Hospital General, conocido posteriormente como “la cuna de la Dermatología Mexicana” y dirigido por el Dr. Salvador González Herrejón (2,3,4,5).
Con el apoyo de su maestro, funda en 1936 la Sociedad Mexicana de Dermatología quedando a cargo de la Secretaría General (6). Ese mismo año, el Dr. González Urueña, Jefe de la Campaña contra la Lepra, lo nombra Director del Dispensario Antileproso “Dr. Ladislao de la Pascua”, cargo que ocuparía durante 45 años (7).
Al año siguiente recibe un fuerte golpe: su esposa muere al dar a luz una hija que la sobrevive sólo unas horas (4). “La vida es, en cualquiera de sus aspectos, una batalla, una interminable batalla”, dirá posteriormente (2). Enfrenta ese dolor y dedica con ahínco al estudio de la lepra. Algunos lo describen como una persona seria, reservada y hasta adusta. Su mirada penetrante llega hasta el fondo de quien la recibe y uno de sus alumnos observa que “tenía algo de chino en su fisonomía y tambíen en su sabiduría”. Sin embargo, su aspecto estricto no impide un gran sentido del humor. Afirma: “si quien da una clase o una conferencia no consigue que el público se ria, es tiempo perdido” (2,4,5).
Brega por el trato humano con los pacientes, enseñando que “lo más útil no es la receta sino la consulta” (2) . Las historias clínicas del Dispensario deben incluir no sólo los datos clínicos, sino también el estudio personal, familiar y social del enfermo junto a la situación creada por la enfermedad. Es reflexivo, perfeccionista y su segunda esposa Clemencia Espinoza, que trabaja en la Oficina de la Campaña contra la Lepra, lo respalda e impulsa a la acción (4).
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Redescubre y profundiza el estudio de la Lepra de Lucio, una forma entonces olvidada que se caracteriza por “la infiltración difusa que nunca se transforma en nódulos” y había sido descrita noventa años atrás por Rafael Lucio e Ignacio Alvarado como mal de San Lázaro o elefantiasis de los griegos (3,8-10). También describe el episodio reaccional conocido como fenómeno de Lucio o eritema necrosante (3,8,10,11).
No convencido de la eficacia del tratamiento con aceite de chaulmoogra, que incluso considera nocivo y tilda de “fraude mayor de los siglos”, es el primero en utilizar las sulfonas en México: el promín en 1946, luego la diasona y posteriormente la dapsona en 1948 (7).
El otro temido mal bíblico no es invencible. La lepra es curable. Pero es necesario detectarla en su fase inicial, en su forma incipiente, cuando aún no ha producido compromiso sensorio-motor severo, necrosis y otras secuelas irreversibles (2,4).
Revisa los convivientes y la familia de sus enfermos. Una tenue mácula hipocrómica o eritematosa hipoestésica le llama la atención. Sus colegas en Sudamérica también la aprenden a ver y él propone el término de lepra indeterminada (3,11).
La ocasión de exponer estos trabajos llega en 1948, al reanudarse el Congreso Internacional de Lepra después de la guerra. En La Habana queda oficialmente reconocido el grupo indeterminado inicial. Se presenta la Lepra de Lucio y los primeros casos tratados con sulfonas. También allí la Clasificación Panamericana es adoptada mundialmente, al ser aceptada por la Asociación Internacional de Lepra que presiden Herbert W. Wade y Ernest Muir (11).
Estos logros científicos han sido posible en parte debido al contacto intelectual entre los dermatótologos de habla española y portuguesa. Es necesario sellar formalmente estos lazos fraternales constituyendo un cuerpo colegiado que continúe fomentando este intercambio y propicie su progreso. El Prof. Latapí adhiere a esta causa y es uno de los miembros fundadores del CILAD el 11 de abril de 1948 (12,13).
En otros campos de la Dermatología el Dr. Latapí demuestra grandes cualidades de observador. Identifica las lesiones tempranas del Mal de Pinto que denomina “pintides” , publica el primer caso de amebiasis cutánea en México, describe la dermopatía en confetti provocada por la hidroquinona. Interviene en la clasificación de las formas clínicas de tuberculosis cutánea e introduce en su país los términos de sífilis temprana y tardía. Señala las reacciones adversas de fármacos, en particular del uso indiscrimado de corticoides, que puede desencadenar psoriasis eritrodérmicas, prolongar dermatitis atópicas, cuadros de acné y acuña el término corticodermias. Es pionero en el uso de la griseofulvina en la tiña en México. Su manejo de las sulfonas y conocimiento sobre micosis profundas lo llevan a emplearlas por primera vez con éxito en los micetomas, patología cuya localización podálica era anteriormente tratada mediante amputación. Es así expresamente convocado para escribir el capítulo de este tema en el célebre tratado alemán de Jadassohn (2,3,4,5,14). |
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Estando a cargo de la Asociación Mexicana de Acción contra la Lepra, entidad que funda y preside hasta su muerte, subraya la conveniencia en descubrir los casos incipientes y la forma de conseguirlo es mediante la consulta dermatológica. Para detectar la lepra indeterminada es indispensable saber dermatología. Concluye que la leprología debe ser resorte de la dermatología, lo cual otorga a esta especialidad una trascendencia y jerarquía que no gozaba hasta entonces. En 1951 el Centro Pascua” cambia así el nombre de Dispensario Antileproso por Centro Dermatológico, terminología que se hace extensiva a todos los dispensarios del país. De igual manera, la Escuela Mexicana de Leprología, que fundara una década atrás, pasa a llamarse Escuela Mexicana de Dermatoleprología. Estos son algunos de los principios que redactara para la misma (7):
- La lepra es una enfermedad semejante a otras.
- Es poco transmisible.
- Es curable.
- Leproserías NO.
- Leyes drásticas NO.
- Manejo natural. Tratamiento ambulatorio. Internación en servicios generales. Catastro cutáneo.
- El leprólogo debe ser dermatólogo.
En 1953 sucede al Prof Gay Prieto en la Presidencia del Colegio Ibero-Latinoamericano de Dermatología. Son Vicepresidentes Guillermo Basombrío (Argentina), João Ramos e Silva (Brasil), Augusto Salazar Leite (Portugal) y designa a su compatriota Manuel Malacara en la Secretaría General. El III Congreso CILAD, que lleva a cabo en la Ciudad de México en 1956, adquiere mayores dimensiones y se desarrolla por primera vez independientemente de otro evento médico. Su nutrido programa científico ocupa seis días donde se presentan más de 100 trabajos y numerosos casos clínicos. Participan del mismo más de 150 especialistas, una convocatoria entonces récord (12,13).
A la sazón crea “Dermatología. Revista Mexicana”, la primera publicación de su país dedicada exclusivamente a la especialidad (2,4).
La Secretaría de Salud lo nombra Jefe de la Campaña contra la Lepra en 1960. Junto con la colaboración del Dr. José Barba Rubio, deciden renombrar la campaña como “Programa para el Control de las Enfermedades Crónicas de la Piel”. Introducen novedades. No estarán en los hospitales a la espera de la consulta como se acostumbraba realizar. Se comienza con la capacitación de un verdadero ejército de profesionales de salud y se coordina un plan de acción en base a unidades móviles (“Brigadas”). Cada una está compuesta por un médico dermatólogo, una enfermera y un Jeep que salen a buscar a los enfermos en su residencia. En menos de tres años se descubren más de 7200 casos nuevos, cifra mayor que la registrada durante los 30 años anteriores (4,7,15).
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Organiza el I Congreso de la Sociedad Mexicana de Dermatología en 1961. La actividad del Centro Dermatológico Pascua se va prestigiando y adquiere un nuevo edificio más amplio en 1976.
Sus contribuciones lo hacen acreedor de las medallas “Gaspar Viana” del CILAD (1960), “Dr. Eduardo Liceaga” (1961) -máxima distinción de la medicina mexicana-, premio Damián Dutton por sus aportes en el campo de la leprología en 1978, mismo año que preside el XI Congreso internacional de Lepra en México DF (2,4).
Hasta su muerte se avoca al ejercicio docente, ya que es preciso dedicar –transcribiendo sus palabras- “el mayor tiempo, esfuerzo y sacrificio si es necesario, a la labor que está por encima de todas en cada obra humana trascendente, la de enseñar, de convencer, de formar legiones de cruzados que con criterio, corazón y voluntad, prosigan la tarea hasta su feliz terminación” (7).
Dr. Dante Chinchilla
Dr. Roberto Arenas |
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Bibliografía
- Guzmán A. Homenaje. 2002 [Página web] http://www.dermaver.org/poema.htm [Con acceso el 16-11-2007]
- Arenas R. Fernando Latapí. Las Enseñanzas del Maestro. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1ª ed 1991, 1ª reimpresión 2000. 126 p.
- Arenas R. Fernando Latapí. Sus contribuciones a la Dermatología. (En prensa).
- Rodríguez O. En el centenario del nacimiento del Prof. Fernando Latapí. Rev Cent Dermatol Pascua 2002; 11 (2): 67 – 72.
- Cañizares O. Obituary: Fernando Latapí, MD. Int J Dermatol 1990; 29: 533.
- Sociedad Mexicana de Dermatología. Historia. [Página web] http://www.smdac.org.mx/historia.php [Con acceso el 12-03-2008]
- Rodríguez O. La lucha contra lepra en México. Rev Fac Med UNAM 2003; 46: 109 – 113.
- Azulay-Abulafia L, Spinelli L. Revendo a Hanseníase de Lucio e o Fenômeno de Lucio. Med Cutan Iber Lat Am 2005; 33 (3): 125 – 133.
- Lucio R, Alvarado I. Opúsculo sobre el mal de San Lázaro o elefantiasis de los griegos (1851). Dermatol Rev Mex 1978; 22: 93 – 101.
- Latapí F, Chévez Zamora A. The “spotted” leprosy of Lucio (la lepra “manchada” de Lucio). An introduction to its clinical an histological study. Int J Lepr 1948; 16: 421 – 9.
- Terencio de las Aguas, J. Consideraciones histórico-epidemiológicas de la lepra em América. Med Cutan Iber Lat Am 2006; 34: 179 – 194.
- Gatti CF, Chinchilla D. Libro de Oro, Historia Ilustrada del CILAD. Med Cutan Iber Lat Am 2005; 33 (Supl. 1).
- Colegio Ibero Latino Americano de Dermatología (CILAD). Historia, Reglamentos, Directorio. Buenos Aires: CILAD, Mayo 1987.
- Saúl A. Obituary: Fernando Latapí, MD. Int J Dermatol 1990; 29: 533 – 534.
- Centro Dermatológico Pascua [Página web] http://www.facmed.unam.mx/pascua/pasado.htm [Con acceso el 19-11-2007]
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