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San Pablo, 1945. Escándalo en el recientemente inagurado Hospital das Clínicas (Foto). El nuevo Jefe de la División de Dermatología, Prof. João de Aguiar Pupo comienza a internar enfermos de lepra en las salas del nosocomio (1) . Las autoridades sanitarias están imbuídas de una legislación anacrónica que data del Congreso Internacional de Lepra de Bergen de 1902 con la nefasta política del aislamiento obligatorio de todo paciente con enfermedad de Hansen (2). Una vez hecho el diagnóstico e independientemente de su gravedad, estos pacientes debían vivir en el temido sistema de leprosarios, red de hospitales-colonias separados del resto de la sociedad que constituían un verdadero “estado paralelo” (3).
El Dr. Aguiar Pupo junto a su Maestro Eduardo Rabello y otros colegas latinoamericanos, habían identificado los tipos polares lepromatoso y tuberculoide y confirmado el tipo indiferenciado inicial, este último propuesto por el Prof. Latapí en México. No todas las formas contagian. Es la menos contagiosa de las enfermedades infecciosas. Los problemas médicos son muchas veces superados por la connotación social de maleficio bíblico del término peyorativo “leproso” que degrada y avergüenza al enfermo y su familia. Por lo tanto, el Dr. Aguiar Pupo propone denominar a la lepra, hanseniasis o enfermedad de Hansen para contribuir a desterrar el prejuicio que el primer nombre inspira especialmente en Brasil (4).
No hacía mucho tiempo, el patólogo alemán Domagk había salvado a su hija de una estreptococcia aplicándole un colorante rojo experimentado en ratones: la sulfona. Sus derivados son ensayados en infecciones bacterianas durante la Segunda Guerra Mundial y luego comienzan a aplicarse en la lepra con resultados promisorios. Es entonces cuando el Dr. Aguiar Pupo apoya la producción de las sulfonas en su propia tierra (1,5).
El intercambio epistolar entre los dermatólogos de habla hispana y portuguesa se acelera y confirma estas observaciones, pero necesitan un marco científico para exponer sus experiencias. La oportunidad llega después de la guerra, en 1948, cuando se reanuda el Congreso internacional de Lepra. La sede del Vº Congreso es en La Habana, por primera vez en América Latina, donde asisten médicos de 34 países.
Es allí donde se adopta la Clasificación Panamericana como Clasificación internacional y es allí donde en la sesión del 11 de abril se funda el Colegio Ibero-Latinoamericano de Dermatología (CILAD), proyecto anhelado durante años por los dermatólogos de ambos lados del Atlántico (6-8).
El Dr. Aguiar Pupo es elegido por amplia mayoría primer Presidente del CILAD. Es acompañado en la Comisión Directiva por los Dres. Humberto Cerrutti (Secretario General), Braulio Sáenz, José Gay Prieto y Marcial I. Quiroga (Vicepresidentes).
Esta comisión realiza una febril actividad que se refleja en los periódicos y boletines de las Sociedades que integran el Colegio. El Dr. Aguiar Pupo preside el Primer Congreso Ibero-Latinoamericano de Dermatología que tiene lugar en Rio de Janeiro en septiembre de 1950, sentando las bases de uno de los eventos científicos más importantes de la especialidad que se continúa hasta nuestros días (7).
El accionar del Dr. Aguiar Pupo trasciende la dermatología: llega a ser tres veces decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de San Pablo, donde implementa el sistema de Residencia Médica, introduce disciplinas como génetica e investigación científico-estadística y funda el instituto de Medicina Tropical. Como sanitarista impulsa obras como los Sanatorios Santo Angelo, Cocais, Pirapitingui y Aimorés, así como es promotor de centros de aguas termales.
Los tratados de Dermatología perpetúan su nombre en capítulos como Leishmaniasis donde perfecciona la clasificación clínica de Rabello, las primeras prescripciones de penicilina en sífilis, o las detalladas descripciones anátomoclínicas de paracoccidioidomicosis, una de cuyas manifestaciones se conoce por su epónimo: “estomatitis ulcerosa moriforme de Aguiar Pupo” (9-12).
Es presidente de la Sociedad Brasileña de Dermatología y miembro honorario de muchas otras instituciones científicas.
Sus contemporáneos lo describen con un aire de majestad que inspiraban sus cabellos blancos, un corazón de caridad frente a la miseria de la naturaleza humana y gran intuición. Cierta vez, un estudiante de Odontología decide ingresar en la carrera de Medicina. El trámite es dificultoso y es preciso un documento original que la primera Facultad se rehusa devolver. No es posible el cambio de carrera. El joven golpea varias puertas en vano y finalmente se dirige al Decano Aguiar Pupo. Este analiza la situación y ordena la inscripción bajo su responsabilidad. El estudiante se llama Sebastião Sampaio y llegará con los años a suceder al Prof. Aguiar Pupo en la Cátedra de Dermatología (13).
Ya jubilado obligatoriamente por ley, el Prof. Aguiar Pupo prosigue sus investigaciones y actividades científicas. En el VIII Congreso Ibero-Latinoamericano de Dermatología en El Salvador es homenajeado en ocasión de celebrarse las Bodas de Plata del CILAD. A partir de los 87 años se ocupa de la dirección y redacción de la revista Hansenologia Internationalis con suscripción en más de 100 países. A los 90 años, en cama, con el marcapasos apenas implantado, aún planea trabajos y poco antes de morir recibe una noticia con satisfacción: el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos acaba de adoptar oficialmente el término “Hansen´s Disease” (14). |
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